El Chojin
Rapero y compositor. En sus canciones y conversaciones aborda cuestiones sociales y experiencias de la vida cotidiana.
- Parte 1 · Vídeo publicado el · 22:44
- Parte 2 · Vídeo publicado el · 37:03
- Parte 3 · Vídeo publicado el · 45:12
El rap es uno de los géneros musicales con los que más me he identificado, y El Chojin está entre los artistas que me han acompañado. Le escribí para darle las gracias e invitarlo a un Encuentro Providencial. Aceptó. Aquí están las tres partes: hablamos de rap, de libertad y de creencias, con tiempo para preguntarnos y para discrepar.
Disciplina, expectativas y gratitud

Le pregunto por las artes marciales y El Chojin recuerda la importancia de su maestro. La disciplina aparece como algo que ha ido incorporando a su vida. Después hablamos del miedo a no cumplir las expectativas de las personas que uno quiere, de esa presión por estar siempre a la altura.
La gratitud nos lleva más allá de las personas cercanas. El Chojin cuenta también con quienes contribuyen a un buen momento de manera breve o inesperada. Un encuentro en la calle puede bastar para recordarnos cuánto recibimos de otros.
Rechazar el abuso y aceptar el desacuerdo

El Chojin se detiene en el abuso: en quien aprovecha su poder frente a alguien más débil. Su respuesta pone la responsabilidad en la persona que podría elegir actuar de otra manera.
Al hablar de libertad de expresión, defiende que otros puedan decir lo que piensan aunque a él le desagrade. Le escucho distinguir entre discutir una idea y negar a quien la sostiene. Para tratar con respeto a un vecino no hace falta compartir todas sus convicciones ni querer construir la vida junto a él.
Encontrar un sitio en el hip hop

En la segunda parte le pregunto por el hip hop. El Chojin habla de jóvenes que encontraron una forma de expresarse y de recibir reconocimiento. El rap, el baile y el graffiti daban un sitio a quienes necesitaban hacerse visibles.
También hablamos del ego y de cómo cambian los intereses a lo largo de una trayectoria. Él relaciona esa confianza inicial con la necesidad de creer en lo que uno hace. La amistad nos lleva a otro cambio: los amigos pueden dejar de vivir cerca, o seguir caminos distintos, sin que desaparezca el cariño.
De los colores a las preguntas sobre la Iglesia

Jugamos a asociar nombres y colores, y El Chojin intenta explicarme cómo vive la sinestesia. No se trata de ver a alguien pintado de un color. Escucharlo describir esa percepción nos obliga a buscar palabras para algo que el otro no experimenta igual.
Después le pregunto por el rechazo que provoca la Iglesia. Me habla de distancia, de transparencia y de reconocer los errores. Conversamos sobre el abuso de poder y sobre una dificultad muy concreta: dar una respuesta no asegura que esa respuesta llegue a la gente. Ahí se juega también la confianza.
No tener una respuesta para todo

Al empezar la tercera parte le pregunto por la espiritualidad. El Chojin explica su recorrido y por qué, en aquel momento, las respuestas religiosas no encajaban con él. A la vez expresa respeto hacia las personas creyentes.
Una pregunta de la audiencia da por hecho que siempre tiene una opinión. Él pone un límite: haber pensado algunas cosas no significa saber de todo. Habla de escuchar a quien conoce mejor una materia. Por eso, cuando en aquella conversación de 2020 imaginamos un encuentro con el papa Francisco, dice que le interesaría escucharlo.
¿Existen el bien y el mal?

Esta pregunta nos hace detenernos. El Chojin distingue sus propios valores de afirmar que sean universales. Yo respondo desde mi fe y desde lo que me plantean el sufrimiento y la injusticia. A medida que hablamos tenemos que precisar qué quiere decir cada uno.
Pasamos por la libertad, la responsabilidad y la presencia de Dios. También por los recuerdos de una educación religiosa marcada por el miedo, el infierno y el perdón. El desacuerdo sigue ahí. La tercera parte deja tiempo para escuchar cómo nos preguntamos y cómo intentamos responder.
Seguimos conversando

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