El cronovisor es la máquina con la que el monje benedictino Pellegrino Ernetti (1925-1994) afirmó haber visto y oído el pasado: desde la fundación de Roma hasta la crucifixión de Jesús. No hay ninguna prueba de que existiera. Las dos «pruebas» que se presentaron en 1972 fallaron pronto: la fotografía del rostro de Cristo era la talla de un crucifijo de Collevalenza, y el texto «recuperado» de una tragedia latina perdida usa palabras que no existían cuando se estrenó. Preparé estos dos vídeos en enero de 2022 a partir del libro de Luis Miguel Sánchez Tostado y de las fuentes que cito abajo: en el primero cuento la historia tal como la narró Ernetti y, en el segundo, examino esas pruebas una por una. Lo hago desde donde estoy: fui sacerdote, estudié teología y hoy divulgo ciencia, y esta historia junta las dos cosas que más me interesan, la fe y el método para saber si algo es verdad.
Si buscas directamente la respuesta, empieza por la segunda parte y por la sección Las pruebas, una por una. La primera parte narra el relato con sus fechas; sin ella no se entiende por qué tanta gente lo creyó.
Quién fue Pellegrino Ernetti
Lo que hace distinta esta historia es su protagonista. Pellegrino Ernetti nació el 13 de octubre de 1925 en Rocca Santo Stefano, cerca de Roma. Entró en 1941 en la abadía benedictina de San Giorgio Maggiore, en Venecia, y fue ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1949. Dirigió el coro de la abadía, publicó desde 1958 un tratado de canto gregoriano en varios volúmenes y en 1960 obtuvo la cátedra de música arcaica (la anterior a la polifonía) en el conservatorio Benedetto Marcello de Venecia. Fue también exorcista del patriarcado veneciano. Murió en su abadía el 8 de abril de 1994.
No era, por tanto, un «frailecillo ignorante», como a veces se le ha pintado. En la primera parte del vídeo recojo, a partir del libro de Luis Miguel Sánchez Tostado, la formación amplia que se le atribuye y una objeción que me parece seria: ¿qué ganaba un monje con voto de pobreza mintiendo en público sobre algo así? No buscó dinero ni fama; apenas concedió entrevistas después de 1972, y sus superiores nunca lo desautorizaron. Esa pregunta no se resuelve en la primera parte; la retomo al final de la segunda.

Lo que afirmó: el artículo de 1972 y el relato de la máquina
Todo se hizo público el 2 de mayo de 1972, cuando La Domenica del Corriere, el suplemento dominical del Corriere della Sera, publicó una entrevista de Vincenzo Maddaloni titulada «Inventata la macchina che fotografa il passato» (número 18, páginas 26-29). Ernetti decía haber construido, con un grupo de doce científicos entre los que citaba al padre Agostino Gemelli, a Enrico Fermi y a Wernher von Braun, un sistema capaz de reconstruir imágenes y sonidos de hechos ocurridos siglos atrás. La idea, por cierto, no era nueva: Isaac Asimov ya había imaginado un «cronoscopio» para mirar el pasado en su relato El pasado muerto (1956).
Según su propio relato, el origen estaba en una grabación del 17 de septiembre de 1952 en el laboratorio de Gemelli en la Universidad Católica de Milán: al reproducir una cinta, los dos religiosos habrían oído la voz del padre difunto de Gemelli. De ahí, decía Ernetti, nació la idea de que las ondas que emitimos no se destruyen, solo se transforman y se dispersan en el «éter», y de que una máquina podía volver a reunirlas. En 1956 habría presentado los resultados a Pío XII en una reunión secreta, y el papa habría ordenado silencio absoluto.
La lista de lo que afirmó haber visto es la que atrapa: un discurso de Mussolini, Napoleón, la primera Catilinaria de Cicerón, la fundación de Roma en el 753 antes de Cristo, la destrucción de Sodoma y Gomorra, a Moisés con las tablas de la ley, el estreno en el año 169 antes de Cristo del Thyestes, la tragedia perdida de Ennio, y, sobre todo, la crucifixión de Jesús con sus últimas palabras. El artículo incluía como prueba una fotografía en blanco y negro del rostro de Cristo agonizante. Según recoge Sánchez Tostado, al que sigo en la primera parte, un año después un libro dedicó dieciséis páginas al asunto, y desde ahí la historia se mezcló con el esoterismo y las teorías sobre el Vaticano. Ernetti la sostuvo hasta el final: en 1993, meses antes de morir, volvió a confirmarla en una entrevista con Javier Sierra.

Las pruebas, una por una, y por qué fallan
Aquí está el núcleo de la segunda parte del vídeo: pasar de lo que se afirma a lo que se puede comprobar. Hay que reconocer, de entrada, que aparte de las declaraciones del propio Ernetti y de las del sacerdote francés François Brune, que difundió sus conversaciones con él, nadie ha visto nunca la máquina, ni sus planos, ni una explicación de su funcionamiento que vaya más allá de vaguedades que mezclan física y esoterismo. Los científicos que citaba como colaboradores no podían confirmarlo: Fermi había muerto en 1954 y Gemelli en 1959. Lo que sí quedó fueron dos pruebas concretas, y las dos fallan.
1. La fotografía del rostro de Cristo
En agosto de 1972, tres meses después del artículo, el Giornale dei Misteri (número 17) publicó una carta abierta a Ernetti de Alfonso De Silva, un lector de Roma. De Silva señalaba las semejanzas, demasiado sospechosas, entre la foto publicada y el Cristo del santuario del Amor Misericordioso de Collevalenza, cerca de Todi, en la provincia de Perugia. Según esa carta, la imagen era la talla en madera de 1931 del escultor español Lorenzo Coullaut Valera, fotografiada y volteada; el propio De Silva había comprado una postal del crucifijo. La reputación de Ernetti se hundió y la prensa italiana se cebó con él.
Para defenderlo se urdieron dos historias: que no fue Ernetti quien entregó la foto al periodista, sino «un tal señor X», y que la talla reproducía el rostro real de Cristo porque el escultor había seguido las visiones místicas de la religiosa española Madre Esperanza, fundadora del santuario. Son argumentos sacados de la chistera: añadir una historia nueva para tapar cada objeción no demuestra nada. Seguimos sin una sola imagen que proceda de una máquina.

2. El texto «recuperado» del Thyestes de Ennio
Del Thyestes, estrenado en los juegos Apolinares de julio del 169 antes de Cristo, solo conservamos unos pocos fragmentos citados por Cicerón y otros autores. Ernetti afirmó haber visto la obra completa y haberla transcrito. El texto latino se publicó íntegro en el año 2000, como apéndice del libro de Peter Krassa, seis años después de la muerte del monje, con una edición de Giuseppe Marasca. La clasicista Katherine Owen Eldred, formada en Princeton, lo tradujo al inglés y lo analizó: los fragmentos ya conocidos ocupan en torno al 65 % de la «transcripción», el resto es muy breve, y aparecen palabras que entraron en el latín unos 250 años después del estreno. Su conclusión es que el texto no es antiguo y que probablemente lo compuso el propio Ernetti, que dominaba las lenguas clásicas. En el vídeo lo resumo así: un pobre texto inventado en un latín que no es el de Ennio.
3. Una segunda foto y una «confesión»
Según recoge Sánchez Tostado, circuló también una segunda fotografía, de Jesús con los apóstoles, atribuida al cronovisor, y resultó ser la foto de un cuadro. Y Krassa cita una carta de un sobrino de Ernetti, no identificado, según la cual el monje habría admitido en sus últimos días que la foto de Cristo no era auténtica y que el Thyestes lo había escrito él, con la esperanza de que la máquina llegara a existir algún día. Es un testimonio de segunda mano que no se puede verificar; conviene no apoyar en él el desmontaje. No hace falta: las dos pruebas ya se habían caído por sí solas.
¿Por qué mintió un sacerdote? Tres hipótesis
Mi conclusión en la segunda parte es que el cronovisor de Ernetti no fue una máquina demostrada, sino un aparato que solo existió en su mente. Queda la pregunta que me interesa como creyente: ¿cómo pudo un sacerdote reputado, en teología y en ciencia, mentir de forma tan flagrante, cuando toda la tradición judeocristiana considera la mentira un pecado grave? En el vídeo propongo tres escenarios, del menos al más plausible.
- Fue engañado. Ernetti creyó de verdad estar ante el cronovisor porque alguien lo utilizó para difundir la historia, quizá como cortina de humo. Salvaría su reputación, pero me parece muy poco probable.
- No estaba en sus cabales. No distinguía la realidad de la fantasía. Si fuera así, el desequilibrio se habría notado en su enseñanza y en su divulgación, y sus superiores lo habrían apartado del público. Nada de eso ocurrió.
- Mintió por un bien mayor. Para la Iglesia católica el bien mayor es la salvación de las almas, y una fe que se alcanza por Jesucristo. ¿Pudo ser todo un torpe intento de atraer a la fe a personas cada vez más alejadas de la religión y seducidas por la ciencia o por espiritualidades sin institución? En el cristianismo la mentira nunca está justificada por sí misma: un fin bueno no justifica medios malos. En la práctica, una mentira pequeña puede excusarse si evita un daño enorme; pero la de Ernetti alcanzó proporciones épicas al publicarse en un diario de prestigio, y la sostuvo hasta el final de sus días. El bien que buscara tendría que ser todavía mayor.
No necesitamos adivinar sus motivos para reconocer que las pruebas no acreditan el invento. La curiosidad por los misterios puede llevarnos a investigar; también debe permitirnos abandonar una explicación cuando no se sostiene, aunque el relato nos fascine. A mí me fascina. Y por eso prefiero contarlo con las fechas y los nombres sobre la mesa.

Fuentes
- Vincenzo Maddaloni, «Inventata la macchina che fotografa il passato», La Domenica del Corriere, n.º 18, 2 de mayo de 1972, pp. 26-29.
- Alfonso De Silva, carta abierta al padre Ernetti, Giornale dei Misteri, n.º 17, agosto de 1972 (identificación de la foto con el crucifijo de Collevalenza).
- Peter Krassa, Father Ernetti’s Chronovisor. The Creation and Disappearance of the World’s First Time Machine, New Paradigm Books, 2000. Incluye el texto latino del Thyestes editado por Giuseppe Marasca, la traducción y el análisis de Katherine Owen Eldred y la carta del sobrino. Ficha en Open Library.
- François Brune, Le nouveau mystère du Vatican, Albin Michel, 2002 (versión de los hechos favorable a Ernetti).
- Régis Ladous, «Voix et images d’ailleurs. Les deux fables de dom Ernetti», Ethnologie française, 2003/4, pp. 601-609 (biografía documentada de Ernetti). Ficha en Cairn.
- Mark Pilkington, «Do the time warp», The Guardian, 9 de junio de 2005. Artículo.
- Luis Miguel Sánchez Tostado, Cronovisor (ISBN 978-84-9160-572-0), el libro del que parten los dos vídeos.
- Cicerón, Brutus 79, y Sander M. Goldberg y Gesine Manuwald (eds.), Fragmentary Republican Latin, II: Ennius, Harvard University Press, 2018 (fecha y fragmentos del Thyestes).
- Entradas «Cronovisore» (Wikipedia en italiano) y «Pellegrino Ernetti» (Wikipedia en inglés), como punto de entrada a las referencias anteriores.
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