¿Qué responde un creyente a quien explica por qué no cree en Dios? El 14 de octubre de 2018 Mar, del canal Dama G, publicó «Dios no existe», un vídeo de producción muy cuidada en el que cuenta cómo vivió la religión al crecer en una familia no creyente dentro de un país muy católico. Al día siguiente, después de que muchos seguidores me lo pidieran, lo comenté en este vídeo, que grabé después de verlo, al volver del colegio en el que daba clases. Mi conclusión fue que suscribo casi todas sus preocupaciones sobre la imagen de Dios, porque lo que critica es, sobre todo, una imagen deformada del cristianismo que muchos cristianos hemos transmitido.
En un comentario que recogí en la descripción de mi vídeo, ella misma matizó el título: se define como agnóstica, atea por educación, y dice que no intenta demostrar que Dios no existe, sino compartir lo que piensa tras criarse en un entorno católico que no entendía. Abajo recorro, por escrito, los seis puntos en los que me detengo: las imágenes de sufrimiento, la lectura literal de la Biblia, el mal, el lugar del ser humano en la creación, el Dios que premia y castiga y la fe como refugio. Donde añado un documento o un dato que no aparece en el vídeo, lo señalo.
«Ese hombre sangra por ti»: las imágenes que asustan
Mar cuenta que de niña le daban miedo las imágenes religiosas que encontraba por todas partes: crucifijos, cristos ensangrentados, mártires. A otros niños les habían explicado que ese hombre sangraba por ellos; a ella nadie se lo había explicado, así que solo veía a un hombre que sufría. El vídeo lo muestra con animaciones muy duras, que para una persona cristiana resultan fuertes.
Mi primera reacción es pedir que nos pongamos en su piel. Quien crece sin educación cristiana en un ambiente muy religioso tiene que quedarse impactado por parte de nuestra imaginería. A mí, de hecho, las representaciones cruentas y casi gore de Cristo y de los mártires me parecen excesivas, y creo que delatan una espiritualidad centrada en el sufrimiento, como si el sufrimiento por sí mismo consiguiera la redención. Eso es una comprensión equivocada del cristianismo. Para los cristianos la cruz es un símbolo de amor y de salvación, la medida de cuánto nos ha querido Dios; por eso entiendo que a algunos creyentes este vídeo les inquiete, pero no creo que Mar busque hacer daño. Busca que entendamos el otro lado.
Confieso en el vídeo que tampoco a mí me representan algunas imágenes que me he encontrado en casas de retiro, como el corazón de María atravesado por siete espadas. Esa iconografía es la de la Virgen de los Dolores, que se apoya en la profecía de Simeón («a ti una espada te traspasará el alma», Lc 2,35) y en la devoción a sus siete dolores.

¿Alegoría o letra? El infierno y el creacionismo
Mar recuerda un juego en la universidad, en 2011: alguien tenía que adivinar el personaje escrito en un papel pegado en la frente, le tocó Satanás y, cuando preguntó si era real, la mitad de la clase respondió que sí. Ella daba por hecho que los católicos de su entorno leían la Biblia como alegorías con moraleja y descubrió que muchos la leían al pie de la letra: un ser con cuernos en un lugar que arde eternamente, una Tierra creada en siete días.
Entre la alegoría y la lectura literal hay más opciones, y creo que aquí Mar no las conoce o no es del todo justa. En el catolicismo está clarísimo que la Biblia tiene géneros literarios: hay libros o partes que se leen como poesía, como relato mítico o como epopeya, y otros con un fuerte carácter histórico, y cada uno pide una lectura distinta. Como contexto, el Concilio Vaticano II lo dice así: para descubrir lo que quiso decir el autor hay que atender a los géneros literarios, porque la verdad se expresa de modo distinto en un texto histórico, profético o poético (Dei Verbum, 12).
El infierno con fuego, cuernos y cola tampoco es la creencia católica; forma parte de una imaginería que despierta morbo en creyentes y no creyentes. Un dato que no está en el vídeo: Juan Pablo II lo explicó en una audiencia de 1999: las imágenes bíblicas del infierno hay que interpretarlas, y el infierno, «más que un lugar», indica la situación de quien se aleja libre y definitivamente de Dios. El Catecismo lo llama «autoexclusión definitiva» (n. 1033).
Sobre el creacionismo soy tajante: es insostenible, hay evidencias científicas de la evolución y el catolicismo acepta de entrada el hecho evolutivo; lo explico más despacio en ¿Puede un cristiano aceptar la evolución?. Sí hay denominaciones cristianas que educan en el creacionismo, y en el vídeo digo que me parece de locura haber leído, sin saber si la noticia estaba retocada, que en Estados Unidos se ofrecía elegir entre estudiar evolución o creacionismo. En 1987 el Tribunal Supremo declaró inconstitucional una ley de Luisiana que obligaba a enseñar la «ciencia de la creación» junto a la evolución (Edwards v. Aguillard), aunque la discusión ha seguido viva en algunos estados.

El mal, los milagros y una religión que aplaza la felicidad
Las preguntas más duras del vídeo de Mar llegan juntas. Si Dios hace milagros, ¿por qué se manifiesta en una virgen que llora en vez de salvar a un niño de una red de trata? ¿Es mejor morir de niño para no tener tiempo de pecar, si la vida es un parpadeo frente a la eternidad? Y añade que detesta el culto a los mártires y a la abnegación, una ideología que no se compromete a hacerte feliz en esta vida, sino cuando ya estés bajo tierra.
Aquí le doy la razón casi por completo, y creo que lo que describe es una mala comprensión del cristianismo, no por su parte, sino seguramente por parte de muchos cristianos. El mensaje de Jesús no es un anestésico para quienes sufren, una promesa de que ya se les compensará en el cielo. Jesús anuncia que el Reino de Dios está aquí, en la tierra; las bienaventuranzas son una revolución y un compromiso, y él está siempre del lado de los pobres, de los marginados y de los expulsados. Su predicación no se basa en el miedo a un juicio, aunque lo nombre, sino en el amor de un Padre que nos hace hijos y, por eso, hermanos de los demás.
La pregunta por el mal no la despacho en este vídeo, porque me llevaría mucho tiempo. Remito a mi análisis de El silencio de Dios, de ZPU, que trata justo eso: lo difícil que es creer en un Dios bueno ante el mal atroz del mundo. Y lo digo sin rodeos: es una de las cuestiones que más pueden acabar con la fe de un cristiano y de las que más me hacen sufrir, porque el mal es una realidad tangible y muy presente.

¿Una religión que solo mira al ser humano?
Mar se pregunta por qué la religión es tan antropocéntrica y por qué en ningún momento parece pedir respeto por las demás criaturas. Le doy la razón en el diagnóstico: el cristianismo es una religión tremendamente antropocéntrica, a Dios le preocupa la humanidad.
Pero desde el primer libro de la Biblia el hombre y la mujer reciben la creación para cuidarla, no para dominarla y destruirla como estamos haciendo: la estamos exprimiendo sin darnos cuenta de que formamos parte de esa naturaleza y de que así nos abocamos a nuestra propia destrucción. Leída correctamente, la Biblia nos llama a ser responsables de la creación, cocreadores, a cuidar de ella. Muchos cristianos lo han entendido así a lo largo de la historia, y otros no tanto. Francisco de Asís es el gran santo que vio en los animales, en las plantas y en todo lo que existe un reflejo de Dios, y el papa que tomó su nombre escribió sobre ello en Laudato si’, la encíclica que recomiendo en el vídeo.
El pasaje de la encíclica que, sin citarlo en el vídeo, responde mejor a la pregunta de Mar es este: Francisco admite que los cristianos a veces hemos interpretado mal las Escrituras y pide rechazar con fuerza que del mandato de «dominar la tierra» se deduzca «un dominio absoluto sobre las demás criaturas», recordando que el Génesis habla de «labrar y cuidar» el jardín (n. 67, con Gn 2,15).

Un Dios que premia y castiga
Mar compara la religión con el fandom de la saga literaria de más éxito: Jesús le cae bien, le parece un tipo genial, «el primer hippie», pero su padre le resulta antipático y el diablo, el personaje mejor construido. Le cuesta aceptar un Dios perfecto del que forman parte la ira y la venganza, y una moral de premio y castigo que le recuerda al adiestramiento de un perro.
La metáfora del fandom me parece muy buena. Es verdad que durante una época el cristianismo pudo centrarse demasiado en el mal, con una predicación basada en el miedo: si la gente no llega a la virtud por amor, que llegue por miedo al castigo. Eso es una degeneración total del mensaje de Jesús.
Es cierto también que en el Antiguo Testamento aparecen actitudes de ira y de venganza atribuidas a Dios. Los cristianos creemos en una revelación progresiva y en una jerarquía de verdades: un pasaje del Éxodo, de Reyes o del Levítico no pesa lo mismo que uno del evangelio de Juan. Dios no dicta al oído del profeta; su voluntad llega filtrada por la persona, por la cultura y por la experiencia de un pueblo. Es el principio de la encarnación, y su forma más radical es Jesús, que hace su persona y su lenguaje completamente accesibles. Aun así, lo malinterpretamos y lo manipulamos a nuestro servicio. Fuera del vídeo, el Concilio lo dice a su modo: los libros del Antiguo Testamento contienen «algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos», aunque muestran la pedagogía de Dios (Dei Verbum, 15).
¿Por qué no arrancar entonces esas páginas? Porque el Antiguo Testamento prepara para reconocer a Jesús y, leído a la luz del Nuevo, ayuda a entender cómo actúa Dios en la historia. Lo injusto es quedarse solo con la imagen de un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, porque esa imagen ya fue criticada dentro de la propia Biblia. El libro de Job cuenta la historia de un hombre bueno al que le pasa de todo, enfermedad, muerte, ruina, y que acaba alzando la voz contra un Dios así. Mar, en su vídeo, hace exactamente lo que hace Job, y muchos nos preguntamos cómo un libro tan crítico con esa imagen de Dios llegó a formar parte de la Biblia.

¿Dios para tapar huecos? Salvación y coherencia
En la parte final, Mar pide a los creyentes que se pongan en sus zapatos: si desde niña te enseñaron que todo eso era ficción, no puedes creerlo cuando alguien te lo exige. Comprende el vacío existencial y la necesidad filosófica de Dios, pero piensa que esos huecos se rellenan con lo sobrenatural, y que, aunque existiera un motor creador consciente, nada obliga a concluir que tenga relación directa con nosotros. Su ateísmo práctico, dice, consiste en eso: de existir, no influiría en la vida cotidiana.
Es una crítica que se hace a menudo a los filósofos cristianos: que Dios viene a suplir los huecos que la razón o la existencia no consiguen llenar. Pero no es así. Las personas que creemos seguimos experimentando el vacío existencial; no es verdad que un cristiano no tenga miedo a la muerte o no se interrogue por el sentido de la vida. Sería sospechoso que alguien viviera feliz sin hacerse preguntas porque su fe le resuelve todas las inquietudes.
Mar pregunta también si iría al infierno solo por no haber tenido la educación correcta. Un católico no cree eso. El Concilio Vaticano II afirma que Dios no niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes, sin culpa, no han llegado a un conocimiento expreso de Dios y se esfuerzan por llevar una vida recta (Lumen gentium, 16). Cómo sucede y cómo se juzga no lo sabemos: el juicio corresponde a Dios, no a nosotros. Un cristiano procura vivir unido a Dios, no por miedo ni por el premio, sino porque eso le hace más feliz, llena de sentido su vida, le saca de sí mismo y le mueve a trabajar por un mundo mejor.
Mar dice también que ha querido entender esa sensación de pertenencia y calidez que tantos encuentran en la religión, pero que para ella sería «hacer trampa espiritual», hackearse añadiendo un código de mentiras. Con esa crítica, digo en el vídeo, mete el dedo en la llaga: hay muchas personas que se refugian en la religión, aceptan la calidez y la tranquilidad de la fe pero en realidad no creen. Lo digo porque he conocido a muchas personas religiosas a las que les chirría el Evangelio y Jesús. Por eso admiro su coherencia y le agradezco el vídeo: a los cristianos nos ayuda a revisar qué imagen de Dios estamos comunicando. Se lo dije también en un comentario: suscribiría el 99 % de sus preocupaciones sobre la imagen de Dios.

En resumen, las seis preguntas de Mar y lo que respondo a cada una:

Unos meses después, en enero de 2019, volví sobre la otra cara de esta conversación en ¿Tolerar la religión?: si los creyentes tenemos sitio en el debate público y con qué condiciones.
Fuentes
- Dama G, «Dios no existe» (Desde Mar), vídeo comentado (YouTube, 14 de octubre de 2018, 7:07).
- Concilio Vaticano II, constitución Dei Verbum (1965), n. 12 (géneros literarios) y n. 15 (el Antiguo Testamento).
- Concilio Vaticano II, constitución Lumen gentium (1964), n. 16.
- Catecismo de la Iglesia católica, nn. 1033-1037; Juan Pablo II, audiencia general del 28 de julio de 1999, sobre el infierno.
- Francisco, encíclica Laudato si’ (2015), n. 67.
- Libro de Job; Evangelio de Lucas 2,35.
- Tribunal Supremo de Estados Unidos, Edwards v. Aguillard, 482 U.S. 578 (1987).
- Vídeo original: Dios no existe (Dama G) | smdani reacciona (15 de octubre de 2018, 24:07).
Para seguir pensando

ZPU
El silencio de Dios
La pregunta por el mal que en esta reacción solo dejo apuntada.

Billie Eilish
All the Good Girls Go to Hell
Otra obra que juega con las imágenes del infierno y del cielo.

Fe y ciencia
¿Se debe tolerar la religión?
Por qué la fe no cabe en lo privado y con qué condiciones entra en lo público.