El silencio de Dios · ZPU
- Canción del disco Contradicziones (2008)
- Vídeo de smdani publicado el
- Duración: 23:39
Juan Prieto Sánchez, ZPU, plantea en «El silencio de Dios» la que para mí es la objeción más fuerte contra la existencia de Dios: el problema del mal y el sufrimiento de los inocentes. ¿Por qué Dios parece callarse ante las injusticias? ¿No lo hace cómplice ese silencio? Antes de grabar el vídeo me puse en contacto con ZPU, que me dio permiso para la reacción y respondió a mis preguntas sobre el tema; en los años transcurridos desde que lo escribió, él había hecho su propio viaje espiritual.
«Callado, tan callado como los bloques de hielo»
ZPU, estribillo de «El silencio de Dios»
Una oración enfadada

Lo curioso es que la canción está escrita en forma de oración: se dirige a Dios. Alguien puede pensar que un creyente no puede rezar con este nivel de ira, de cabreo, incluso dudando de si Dios está ahí. Pero en la Biblia aparece este tipo de oración; el libro de Job es una muestra clara. Si la oración es una relación de amistad con Dios, nada impide dirigirnos a él en los momentos de enfado, pedirle cuentas y cuestionarlo.
Preparé el vídeo pidiendo a la comunidad del canal sus lecturas, y hubo más de trescientos comentarios. Dos ideas se repetían: que el tema parte de la misma pregunta que «Estoy perdiendo la fe», de Canserbero, pero con más ira, como si ZPU estuviera agotado de pedir y no recibir respuesta; y que en ningún momento ZPU niega la existencia de Dios. La canción no concluye «Dios no existe, dejad de culparlo»: termina de otra manera, y las frases finales son la clave para leer el resto.
Los creyentes no estamos exentos de dudas. Canserbero lo dice en «Es épico»: dudar no significa no creer. Si Dios existe no cabe en la mente humana, y es normal y sano que la fe se vea cuestionada para que una imagen de Dios amoldada a nosotros mismos se rompa y crezca otra más verdadera.
Tres hilos en cada estrofa

Si prestas atención, cada estrofa empieza igual, «clamando al cielo busco una respuesta», y después trenza tres temas que vuelven de forma distinta: la crítica a la Iglesia por sus injusticias y por la imagen de Dios que proyecta; la visión de un mundo degradado, de personas que no se aman ni se respetan; y el envoltorio de reproche a Dios por guardar silencio ante todo ese mal. Guantánamo, el Pentágono, el Opus Dei, los matrimonios gays, la curia, los «pecados esponsorizados»: la crítica es muy dura y muy concreta.
Hay además una progresión. La canción empieza culpando a Dios y acaba culpando a sus seguidores: cristianos, musulmanes, creyentes. Más que una crítica a Dios mismo, es una crítica a los feligreses y a la sociedad, un llamado a reflexionar sobre la condición humana y sobre cómo la mayor manifestación de Dios está en el amor al prójimo.
Lo que ZPU me contestó

Muchas personas han interpretado que el tema demuestra que Dios no existe. Se lo pregunté directamente a ZPU: en la canción parece que el enfado va en aumento, acabas llamándolo cobarde, cruel y despiadado; ¿la conclusión es que no vale la pena creer en un Dios así, una defensa del ateísmo? Me respondió que sí hay un in crescendo de su enfado con Dios, basado en sus vivencias, en las miserias que veía a su alrededor y en las guerras y el expolio hechos en su nombre; que la canción estaba muy enfocada al Dios personificado, al religioso, al «póster» que nos han vendido; que creer en un Dios así no tenía sentido para él; pero que tampoco cree que fuera una defensa cerrada del ateísmo.
¿Por qué calla Dios? De una fe infantil a una fe adulta

La cuestión central me interpela y me crea dudas, como a cualquier cristiano. A lo largo de la vida los creyentes pasamos crisis de fe y vamos madurando nuestra imagen de Dios: descubrimos que Dios siempre habla y siempre está, pero nuestros oídos y nuestro momento no siempre están preparados para escucharlo. Ante el sufrimiento del mundo, sobre todo el provocado por nuestras malas acciones, lo que deberíamos experimentar es una fuerte interpelación a comprometernos contra el mal.
Mirar al cielo y culpar a Dios es la actitud del niño con sus padres cuando no le compran lo que quiere. Mucha gente mantiene una fe muy infantil: pide a Dios que le solucione los problemas y, si no se resuelven, la pierde. No es una fe despreciable, pero es un primer escalón. Que Dios parezca no darnos lo que queremos no significa que no exista ni que nos haya abandonado: tiene que despertar nuestra responsabilidad. Y con esto no doy el tema por zanjado; es mucho más complejo.
En la concepción judeocristiana, Dios es creador, padre y señor de la historia, comprometido con la justicia: oye el clamor de los pobres y envía a Moisés para liberar a su pueblo. La relación toma forma de alianza: Dios se compromete con su pueblo y el ser humano se compromete con la historia, construyendo con sus decisiones un mundo más justo o más injusto. Con Jesús esa relación se vuelve intimidad total, «Abba», papá, y el Reino de Dios no nos separa del mundo sino que nos compromete a transformar sus estructuras. Eso es la fe en teoría; la vivencia está más sometida a dudas y a nuestras incoherencias.
Del terremoto de Lisboa a Auschwitz

Este cuestionamiento no es nuevo; seguramente es la pregunta que más ha transformado el cristianismo y nuestra sociedad en los últimos trescientos años. El terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755, con decenas de miles de muertos en minutos, se convirtió en el símbolo de la crisis de la fe frente a la razón ilustrada. Poco antes Leibniz sostenía que vivíamos en el mejor de los mundos posibles; el contraste con la realidad lo llevó a refugiarse en el misterio y a sacrificar el intelecto en favor de la fe. Voltaire constató la irracionalidad de ese sacrificio: «solo tenemos una pequeña luz, y es la razón».
A partir de ahí muchos prefirieron abrazarse a la razón, aunque no respondiera a todo, antes que a una religión que daba respuestas a lo que no interesaba y callaba ante lo que de verdad inquietaba. El teísmo se fue convirtiendo en antropocentrismo: si Dios no servía para arreglar el mundo, el hombre debía asumir la responsabilidad, y el progreso se convirtió en el nuevo dios. Pero el siglo XX trajo el Gulag, Camboya, Hiroshima y Auschwitz, símbolos de la barbarie de la que es capaz el ser humano. El mal pone a prueba la fe y somete a crítica nuestra imagen de Dios y del hombre. Seas creyente o ateo, estamos llamados a luchar contra el mal, y hay que empezar barriendo la propia casa.
Hay que decir también que una tradición platonizante muy fuerte dentro del pensamiento cristiano ha hecho que, cuando un dato empírico o histórico impugna nuestra creencia, lo neguemos o improvisemos una hipótesis para mantener intacto el postulado. Creer que miramos lo humano «con los ojos de Dios», cuando toda imagen de Dios es humana, es un fallo tremendo de humildad intelectual.
«Tu silencio es el silencio de la gente»

ZPU plantea una cuestión tremenda: ¿cómo es posible que esta Iglesia, continuación del pueblo elegido para revelar a Dios al mundo, esté tan corrompida, haya cometido tantos abusos y buscado su propio enriquecimiento? Podemos recibirlo de dos maneras: o la acusación es falsa y no hay que escucharla, o hay algo de verdad y tenemos que pensar que hemos sido infieles a la misión. Desde mi punto de vista la acusación no es falsa: el prejuicio se ha alimentado a veces injustamente, pero la Iglesia ha cometido muchos pecados a lo largo de la historia. Lo mismo le pasó a Israel en la Biblia: cada vez que dejaba de ser garante de la verdadera imagen de Dios, acababa perdido. Dejamos de ser lo que Dios soñó, una puerta por la que las personas puedan encontrarse con él.
La última estrofa cierra el giro: «caen todos los cristianos, musulmanes y creyentes / … / porque tu silencio es el silencio de la gente». Es brutal. Y la canción termina con un corte de película que lo exculpa: «si hay un fallo, es humano. Siempre lo es». La deidad cuya existencia no se puede comprobar queda a salvo; si no creemos en ella es por el reflejo que dan sus seguidores. ¿Estamos solos en esta vida? ¿Qué hay del perdón y la compasión? Esas preguntas se quedan abiertas, y creo que ahí está la fuerza del tema.
También puedes ver Es épico, de Canserbero, o explorar todos los análisis musicales.
