Fe y ciencia · T1E02

El ser humano: imagen de Dios y evolución

¿Cómo entender la creación del ser humano desde la fe católica?

Daniel Pajuelo en el episodio T1E02 de Diálogo Fe y Ciencia

Si sabemos a ciencia cierta que somos resultado de una evolución biológica, ¿podemos los cristianos seguir afirmando que el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios? Sí, y en este segundo episodio de Diálogo Fe y Ciencia explico por qué: «imagen de Dios» no describe un cuerpo ni un mecanismo, sino una llamada a la comunión con Dios. La evolución muestra nuestra continuidad con la vida animal; la aparición de la autoconciencia, la libertad y el sentido moral señala una discontinuidad que la ciencia ve por sus consecuencias y que la teología interpreta.

Lo preparé en febrero de 2022 a partir de Ciencia y religión, de Agustín Udías Vallina, y de los textos que cito abajo (Génesis, Rahner, Ladaria, Darwin y el mensaje de Juan Pablo II de 1996). Hablo desde donde estoy: fui sacerdote, estudié teología y hoy divulgo ciencia.

Dios NO CREÓ al ser HUMANO, ¿o sí?| 🤝 Diálogo Fe Ciencia | T1E02

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Qué dicen los dos relatos del Génesis

Acudo primero a la fuente principal de la revelación cristiana, la Biblia, y en concreto al Génesis, que trae dos relatos de la creación del hombre. En el primero (Génesis 1,26-28), después de crear a los animales, Dios dice «hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza», lo crea a su imagen, varón y mujer, y le encarga llenar la tierra y someterla, dominando sobre peces, aves y animales. En el segundo (Génesis 2,7), más gráfico, el Señor modela al hombre de la arcilla del suelo y le sopla en la nariz aliento de vida; los animales son creados después, también de arcilla, y es el hombre quien les da nombre.

Los dos textos insisten en lo mismo: hay una discontinuidad entre la creación de los animales y la del ser humano. El hombre ha sido creado a imagen de Dios, y por eso recibe el encargo de dominar sobre el resto de la creación como su representante. Leídos con el criterio del episodio anterior (son textos religiosos, no un manual), lo que afirman es la dignidad especial del ser humano y su posición ante Dios, no el procedimiento con que apareció.

Daniel Pajuelo en el episodio T1E02 de Diálogo Fe y Ciencia
Fotograma · 2:20

Imagen de Dios: una llamada, no una anatomía

A partir de esos textos, la idea del hombre creado a imagen y semejanza de Dios se puede interpretar así: el ser humano ha sido llamado a existir en comunión con Dios, y de ahí se deduce su preeminencia sobre el resto de la creación. Karl Rahner, uno de los teólogos católicos más influyentes del siglo XX, lo formuló en su trabajo sobre la hominización: es el proceso por el que el universo se encuentra a sí mismo en el ser humano y queda confrontado espiritualmente con su origen y su fin, que es Dios. Luis Francisco Ladaria, cardenal y teólogo español, hoy prefecto emérito de la Doctrina de la Fe, lo dice con otras palabras: la novedad radical del hombre consiste en la aparición de un ser llamado a la comunión con Dios, y esa relación con lo divino es lo que lo sitúa por encima de cualquier criatura que no esté constituida por ella.

De esta manera el ser humano procede, por una parte, del barro de la tierra, es decir, es fruto de la evolución, y tiene, por otra, una vida que procede de Dios. La tradición cristiana, sobre todo san Pablo y los Padres de la Iglesia, dio un paso más: puso la imagen de Dios en relación con la verdadera imagen, que para los cristianos es Cristo. En la encarnación Dios asume la condición humana en Jesús, y ese acontecimiento es el que realiza plenamente la comunión de Dios con la humanidad.

Daniel Pajuelo en el episodio T1E02 de Diálogo Fe y Ciencia
Fotograma · 4:30

Lo que dice la evolución: continuidad y discontinuidad

Frente a esa visión cristiana del origen y del sentido, la descripción estrictamente científica muestra la aparición del hombre a partir de una rama primitiva de primates. Esto obliga a aceptar, primero, que el ser humano proviene de la vida animal y está en continuidad con ella. Pero se le han añadido posibilidades nuevas: la autoconciencia, la libertad, el lenguaje simbólico, la cultura y el sentido moral, es decir, la apreciación del bien y del mal en la conducta. En algunos simios encontramos indicios de varios de estos elementos, pero no en la forma en que se dan en nosotros, y eso apunta a una cierta discontinuidad.

El propio Darwin vio en el sentido moral el rasgo que distingue al ser humano. En El origen del hombre (1871) suscribe la opinión de quienes sostienen que, de todas las diferencias entre el hombre y los animales inferiores, la más importante con diferencia es el sentido moral o conciencia. Ese cambio se dio de forma gradual en los hombres primitivos y no es detectable en sí mismo, solo por sus consecuencias: con los pocos datos disponibles se discute si el Homo erectus tenía algún tipo de lenguaje, y por el desarrollo cultural que nos ha llegado es muy probable que el neandertal poseyera ya cierto lenguaje simbólico. Habría que aceptar, por tanto, una «infancia» del hombre en la que las características humanas estaban presentes pero no desarrolladas del todo.

Esas características nacen de una dimensión trascendente que no parece reducible a la mera materia. Su presencia marca el inicio del ser humano en un momento del proceso evolutivo que no podemos fijar con exactitud: solo por las consecuencias de sus comportamientos sabemos cuándo esa dimensión ya estaba ahí. A la ciencia, que examina lo observable y medible, se le escapa en sí misma; si reducimos al hombre a lo puramente biológico, la autoconciencia y el sentido moral se vuelven difíciles de explicar y la libertad hay que negarla: los comportamientos serían, como mucho, indeterminados o imprevisibles, pero no libres.

Esquema en dos columnas sobre el ser humano: a la izquierda la continuidad con la vida animal (cuerpo procedente de primates, indicios de lenguaje y moral en animales superiores, transición gradual, lo que describe la ciencia); a la derecha la discontinuidad (autoconciencia, libertad y sentido moral, lenguaje simbólico y cultura, dimensión trascendente); debajo, imagen de Dios como llamada a la comunión y el salto ontológico de Juan Pablo II
Continuidad y discontinuidad. Elaboración propia a partir de Udías Vallina (2010) y del episodio.

Cómo se encajan: creación continua, salto ontológico y Cristo

Juan Pablo II lo expresó en su mensaje a la Academia Pontificia de Ciencias de 1996: con el hombre nos encontramos ante una diferencia de orden ontológico, un «salto ontológico». El momento del paso a lo espiritual no es objeto de observación científica, aunque la ciencia puede descubrir, en el nivel experimental, una serie de signos muy valiosos de la especificidad del ser humano; la experiencia del saber metafísico, de la conciencia de sí, de la conciencia moral, de la libertad o la experiencia estética y religiosa pertenecen al análisis filosófico, y la teología extrae de ellas el sentido último según los designios del Creador.

Si, como expliqué en el episodio anterior, consideramos la creación como un continuo en el que Dios actúa en cada momento, no hace falta pensar en una intervención especial para la aparición del ser humano. Todo el proceso evolutivo se dirigiría a su creación, porque es la criatura que puede relacionarse con Dios en libertad: para el cristianismo, toda la evolución es una preparación para el ser humano, llamado a unirse con Dios y, a través de él, a unir a toda la creación.

Y el cristianismo añade algo muy concreto: en Jesús, Dios se ha unido realmente al ser humano y se ha hecho presente del todo en la humanidad. A través de Jesucristo el hombre puede unirse con Dios, y en él, podemos decir, alcanza su culmen el proceso entero de la evolución. Esa intuición la desarrolló con un sistema propio un jesuita, geólogo y paleontólogo, Pierre Teilhard de Chardin; de él trata el siguiente episodio.

Daniel Pajuelo en el episodio T1E02 de Diálogo Fe y Ciencia
Fotograma · 8:20

Fuentes

  1. Agustín Udías Vallina, Ciencia y religión. Dos visiones del mundo, Sal Terrae, Santander, 2010 (ISBN 978-84-293-1847-0). Es el libro que sigo en este episodio.
  2. Génesis 1,26-28 y 2,7 (texto en vatican.va).
  3. Karl Rahner y Paul Overhage, El problema de la hominización. Sobre el origen biológico del hombre, Cristiandad, Madrid, 1973 (original alemán Das Problem der Hominisation, Herder, 1961).
  4. Luis F. Ladaria, Antropología teológica, Universidad Pontificia Comillas y Pontificia Università Gregoriana, Madrid-Roma, 1983; e Introducción a la antropología teológica, Verbo Divino, Estella, 1993.
  5. Charles Darwin, The Descent of Man (1871), parte I, capítulo IV (texto de la edición de 1874); en castellano, El origen del hombre.
  6. Juan Pablo II, mensaje a la Academia Pontificia de Ciencias, 22 de octubre de 1996, n.º 5-6 (alma espiritual, «salto ontológico»).
  7. Smithsonian National Museum of Natural History, Introduction to Human Evolution (continuidad con los primates, datación de los homínidos).
  8. Vídeo original: Diálogo Fe y Ciencia T1E02 (13 de febrero de 2022, 9:37), con su descripción.

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